Del miedo al liderazgo

Liderazgo multiplicador

Adriana Marenco de 17 años

Adriana Marenco de 17 años y Briggitte Centeno de 16 años, son estudiantes de quinto año del Colegio Teresiano, ambas decidieron haces sus horas sociales como voluntarias de Fundación Zamora Terán, esas horas quedaron atrás hace un mes, pero decidieron continuar porque les gustó reparar y la manera en la que fueron recibidas.

Relatan que cuando conocieron las XO no pensaron que fueran computadoras como las que conocen porque “parecían juguetes”. Adriana las vio por primera vez en un empaque de leche Parmalat, porque esta empresa apoya el Programa Educativo “Una Computadora por Niño”, mientras Briggitte conoció la Fundación por las noticias de la celebración del quinto aniversario.

“Hemos hecho nuevos amigos y la gente que trabaja aquí es súper buena y acogedora. Sí es un voluntariado diferente porque es la primera vez que me quedo sin necesidad de tener horas asignadas”, relata Adriana.

Añadió que como voluntaria ha aprendido cosas nuevas como reparar computadoras. “Jamás me imaginé que iba a poder desarmarla o mucho menos repararla. Además aprendí a formatear, de todo lo que más me ha gustado es reparar y la gente de aquí”, dijo.

Por su parte Briggitte afirma que le ha gustado lo que los Voluntarios En Acción (VEA) de Fundación Zamora Terán hacen por los niños.

“Conozco niños que no tienen posibilidades de tener una computadora como las conocemos y que tengan una XO con Linux ya es algo grande, una experiencia más. Esto mejora la educación en todos los sentidos, porque cada vez el mundo avanza más rápido en tecnología y que estos niños tengan una computadora hace que estén actualizados”, afirmó.

Para ambas pasar del miedo de desarmar una XO a enseñar a otros voluntarios cómo hacerlo, es una muestra del liderazgo multiplicador que fomenta Fundación Zamora Terán.

“Mi primer día con una XO en la mano ni siquiera la podía abrir. El primer día nos pusieron a desempacarlas y a poner a la par los cargadores y pensé que eran de juguetes. Después de eso yo me puse a investigar y supe que eran computadoras como las normales. Las horas las cumplimos hace un mes pero me quedé porque me gustó. Cuando Itzayana nos dijo que íbamos a reparar pensamos que no nos concentraríamos y perderíamos las cosas, pero luego de las capacitaciones le agarré rápido. Al principio me decía que no iba poder, pero luego lo hice y soy de esas personas que cuando logro hacer las cosas me siento bien”, remarca Briggitte.

Hizo énfasis en que otra de las diferencias que encuentran en el VEA es el acogimiento del equipo y de los voluntarios. “Desde que Sofana me habló fue cariñosa y cuando intentamos ser voluntarias en otro lado nos decían y a qué hora van a venir, a qué hora van a salir, no nos preguntaron cómo estábamos Aquí fue muy bonita la acogida”, finalizó.