La recompensa de una sonrisa 

Muchos de los voluntarios del Programa Educativo “Una Computadora por Niño” inician su labor voluntaria con miedo o nervio por reparar una computadora XO pero llenos de emoción. Con el tiempo el temor se convierte en seguridad y liderazgo para guiar a otros en estos procesos y la emoción en compromiso por aportar a la niñez y a la sociedad.  Ellos consideran que la mayor recompensa es la sonrisa de los niños y niñas.

Duncan Teryuz Santana Mendoza de Nicaragua nunca olvidará un viaje por un camino difícil regresando de la incorporación de una escuela en El Crucero y tampoco sale de su memoria la primera vez que le enseñó a reparar a los niños monitores de la escuela Príncipe Guillermo de Luxemburgo. Para él formar parte del voluntariado es una forma de ayudar y de convertirse en una mejor persona y un profesional comprometido con la sociedad.

Santana ingresó al voluntariado con 17 años, cuando una amiga de su mamá les contó que en Fundación Zamora Terán tenían un programa para apoyar los procesos de mantenimiento de las computadoras XO. Dos años después él sigue respondiendo al llamado para estos momentos claves para el Programa Educativo.

“Lo primero que hice fue diagnosticar el estado de las baterías de las computadoras, estaba nervioso porque no quería dañar nada. La primera vez que me llamaron estaba alegre, con el tiempo pensaba en las levantadas temprano, cuando tocaba ir a las escuelas a realizar visitas de acompañamiento técnico, pero uno se divierte, sale de la rutina. Hasta ahora lo que más me ha gustado es enseñar a niños a reparar. No sabía qué hacer, pensaba qué hacer si se me olvidaba algo, cómo les tenía que hablar, porque uno mismo se entiende, pero a veces es difícil expresarlo. Cuando los vi reparar me sentí orgulloso”, comentó Santana.

Sobre el liderazgo afirma que siente “Un toque de liderazgo”, pero que aún le hace falta, sobre todo porque aún debe superar la pena en algunas ocasiones.

Jody Espinoza conoció el voluntariado cuando estudiaba computación en el Centro Juvenil Don Bosco en Nicaragua. De eso ya han pasado más de un año. En ese momento recuerda que le explicaron el trabajo que hacía Fundación Zamora Terán y el apoyo que brindaban a la educación de niñas y niños de país.

“Me interesó mucho. Al comienzo no sabía cómo eran los procesos, pero ya cuando empecé a apoyar fui aprendiendo la parte de limpieza, diagnóstico y reparación. Me gustó la Fundación, la forma de trabajar en equipo. Aprendí mucho en lo que es la reparación y me familiaricé con los diferentes materiales. Ahora sé perfectamente cómo se repara, cómo limpiar y cómo diagnosticar una computadora”, expresó Espinoza.

Al igual que Santana, Espinoza comenta que el comienzo es difícil por el nervio y el temor de desarmar una computadora XO, pero luego vio que era algo fácil y sencillo, “como repararle un juguete a un niño” y eso es representa una ayuda para los estudiantes de primaria puedan hacer sus tareas e investigar.

“Me gusta la dinámica de trabajo, el compañerismo, la socialización y el apoyo hacia los niños de escasos recursos. Esto me hace mejor profesional porque me ayuda a ser mejor a desarrollar la creatividad. Me siento comprometido a ayudar a los niños, me motiva a seguir adelante”, expresó.

Roshan Caterine Ponce Moreno de Honduras, asegura que ser voluntaria “te cambia la vida”, porque la retribución que se recibe es la sonrisa de niños y niñas que anhelan superarse en un país donde hay mucha desigualdad. Además se puede conocer personas con las que se comparte el deseo de apoyar la educación con la integración de la tecnología.

 

“Jamás olvidaré el primer día que pise una de las escuelas beneficiadas por el Programa Educativo Una Computadora por Niño a través de la Fundación Zamora Terán, sentía nervios y temor al mismo tiempo, pues sería mi primer contacto con los niños y docentes y no saber qué pasaría en las próximas horas me aterraba”, recuerda Ponce.

Señala que poco a poco el miedo fue superado por el reto de sacar la tarea adelante. La primera asignación que tuvo fue una observación de clases integrando la computadora XO. “Uno de los niños se dirigió hacia mí y como era de esperarse necesitaba de mi apoyo, como decirle entonces a ese niño que yo también era nueva utilizando ese tipo de computadora, para mi suerte otro de los niños se acercó y le explicó”, afirma, marcando ese como el momento en que decidió indagar más en las funciones de la computadora por su cuenta para poder apoyar a los niños en las siguientes ocasiones.

“Inicié en la Fundación Zamora Terán un 28 de Julio de 2017, hasta el día de hoy sigo encantada con todos los procesos que se realizan dentro del programa y lo que más me ha gustado es el espacio y la oportunidad que se me han brindado, el compromiso de la fundación con la educación de los niños, un personal que además de ser profesional y comprometido son humanitarios y, lo más importante, los niños que con su inocencia y su carisma te roba el corazón”, expresa.

Desde las diferentes actividades los voluntarios apoyan el desarrollo del Programa Educativo, desarrollan liderazgo, pero sobre todo se comprometen con la educación de la niñez. Para ellos la recompensa es una sonrisa y la satisfacción de formar parte de la transformación que requieren los países.