Navegar en las aguas del Siglo XXI

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Por: Félix Garrido Ching

Al iniciar un nuevo año me gustaría hacer un alto para reflexionar sobre las habilidades que deberíamos contribuir a que desarrollen los estudiantes en los próximos 365 días. Hablamos de la capacidad para gestionar su propio proyecto de vida, para poder navegar en las aguas del siglo XXI, que significa un entorno mucho más competitivo.

Las nuevas generaciones deben tener la capacidad de entender el contexto donde se mueven, un flujo de una realidad intercultural. El mundo se ha hecho pequeño y por lo tanto, hay que tener una amplitud de miras y de entendimiento para desenvolverse en un mundo global. También la capacidad para desarrollar, no solo la habilidad de transformar la información, sino de crear con el conocimiento que nos es dado. Me gusta pensar que estamos superando la Sociedad del Conocimiento, para empezar a hablar de la Sociedad de la Creatividad.

Para lograr formar a estos ciudadanos del Siglo XXI, se requiere una forma distinta de entender y atender la educación. Los sistemas educativos están formados por personas: directores, docentes, madres, padres que despiertan en los niños la capacidad de autogestión. Se debe lograr que su voluntad no le huya al esfuerzo del bien arduo, de la obra bien hecha por pequeña que sea.

Si queremos formar a este ciudadano requerimos herramientas que son básicas para toda la vida como la capacidad de leer y de resolver problemas. Una vez alguien me dijo que existían dos tipos de personas: las que leen y las que no, pero leer no es solo decodificar, es comprender más allá de lo literal.

Agregaría la habilidad para poder formar la voluntad, para desarrollar la capacidad de elegir, de decidir. En la escuela nos preocupamos mucho de la formación intelectual y nos ocupamos muy poco de la formación de la voluntad, que tiene que ver con la formación del carácter y de los valores.

¿Por qué estamos tan preocupados por la formación de valores? Creo que en Centroamérica, en las últimas dos décadas nunca hemos hablado tanto de la formación de valores y nunca hemos estado tan carentes de ellos. Desde el ámbito de la educación formal, dígase la escuela, tal vez es necesario repensar este tema. Yo tenía una maestra que me decía “cabezas llenas de valores, vidas vacías de valores”.

Si logramos formar a estos ciudadanos del siglo XXI los países ganarán desarrollo en todos los ámbitos. Es conocido y estudiado que el desarrollo económico y social supone el desarrollo educativo. Lo vemos en países como Singapur y Finlandia, que han apostado por la educación. Podemos ganar en desarrollo económico, y equidad social, pero sobre todo ganaremos prosperidad en un sentido integral de la palabra. Donde no solo seremos competitivos para responder a un ambiente empresarial, sino más competitivos en el sentido humano de la palabra, capaces de aprender a ser mejores personas, de aprender a convivir y de aprender a hacer y transformar. En definitiva ser mujeres y hombres felices. Pero la felicidad entendida no como fin en sí misma, sino aquella que acompaña el camino del esfuerzo por dar una educación de calidad.

El autor es pedagogo y Director Ejecutivo Regional de Fundación Zamora Terán